Con un dolor inmenso y una profunda conmoción, familiares y amigos despidieron este domingo a Thiago Correa, el niño de siete años que perdió la vida tras recibir un disparo en la cabeza en medio de un tiroteo entre un efectivo policial y un grupo de delincuentes.
El velorio de Thiago comenzó a las 17 horas en la cochería Santa Paz, ubicada en la zona de San Martín, y se extendió hasta las 9:00 del lunes, según informaron allegados a la familia.
El lamentable suceso ocurrió el pasado miércoles en la esquina de Avenida Libertad y Calle 9, en la localidad de San Justo, en La Matanza. Thiago se dirigía junto a su padre hacia la casa de su madre cuando un oficial de la Policía Federal, identificado como Lucas Fernández López, que estaba de franco, se enfrentó con cuatro delincuentes armados. Uno de los 14 disparos lanzados impactó directamente en la cabeza del pequeño.
Thiago fue trasladado de urgencia al Hospital San Gabriel, donde permaneció internado en estado crítico durante dos días, falleciendo este viernes tras una dolorosa agonía.
La investigación judicial avanza y este lunes a las 8:30, el oficial Fernández López será indagado nuevamente por la Justicia. Está imputado por homicidio simple con dolo eventual, delito que contempla una pena de entre 8 y 25 años de prisión, en concurso con exceso en la legítima defensa respecto a los atacantes.
Un dato que complejiza la causa es que, de acuerdo con los informes periciales, todos los disparos fueron realizados por el agente. Además, se determinó que el arma que portaban los delincuentes era una réplica de juguete.
La Justicia también investiga la cantidad de disparos efectuados por el oficial y el contexto urbano en el que ocurrió el enfrentamiento. La causa está caratulada como «tentativa de robo en poblado y en banda con arma de aptitud no comprobada», «homicidio», «lesiones graves» y «tentativa de homicidio» por las demás víctimas del tiroteo.

En su declaración, el agente Fernández López sostuvo que no vio a nadie entre él y los agresores, y que disparó después de que, según sus palabras, los delincuentes agredieran verbalmente a su madre, a quien también le quitaron pertenencias.
«Todo ocurrió en cuestión de segundos, no hubo tiempo para pensar«, declaró el oficial, quien cuenta con apenas cinco meses de servicio en la Policía Federal. Relató que no disparó cuando le robaban a él porque «si se enteraban que era policía, me mataban. Lo único que quería era darles las cosas y que se fueran. Disparé recién cuando vi que estaban ensañados con mi mamá».
Además, afirmó que fue él quien llamó al servicio de emergencias para que atendieran al niño herido y precisó que realizó 11 disparos estáticos, sin perseguir a los asaltantes.
La despedida de Thiago Correa, el sábado pasado, se convirtió en un emotivo adiós por parte de sus familiares, vecinos, compañeros de escuela y del club de fútbol al que pertenecía. Su fallecimiento, ocurrido en el Hospital San Justo, causó una profunda conmoción en la comunidad del barrio Almafuerte, en Ciudad Evita, de donde era oriundo.
La ceremonia de despedida contó con la presencia de la Comunidad Parroquial Educativa Santa Rosa de Lima, institución donde Thiago cursaba la escuela primaria, y del Club Defensores Unidos de Tablada, donde integraba las divisiones infantiles de fútbol, dejando en evidencia el profundo impacto de esta tragedia en la vida de una comunidad entera.