El 25 de septiembre de 1858 se inauguró la estación de Ramos Mejía, primera parada del entonces Ferrocarril del Oeste fuera de la Ciudad de Buenos Aires. Desde ese día se transformó en un punto clave del transporte y seguirá siendo un símbolo patrimonial de la localidad.
La estación de Ramos Mejía abrió sus puertas un sábado de 1858 como la primera parada del Ferrocarril del Oeste más allá de los límites porteños. Su construcción marcó un hito en la expansión ferroviaria y desde entonces su andén acompañó el crecimiento de la región. Hoy integra el recorrido del Tren Sarmiento y recibe diariamente a miles de pasajeros.
En sus primeros años se la conoció como General San Martín y funcionó con la locomotora La Porteña, que arrastraba apenas dos vagones de pasajeros. La obra se concretó gracias a la donación de tierras realizada por María Antonia Segurola de Ramos Mejía, lo que afianzó el vínculo entre la familia y el ferrocarril. En 1906 se levantó la casona ferroviaria diseñada por el arquitecto neerlandés John Doyer, de estilo victoriano, que todavía se conserva como parte del patrimonio local.
El avance urbano se reflejó en nuevas formas de movilidad. En 1921 comenzó a circular el primer servicio automotor de pasajeros, antecedente de la actual línea 96, y en 1923 el Ferrocarril Oeste electrificó el tramo Once-Moreno. A partir de esos cambios, Ramos Mejía se consolidó como acceso estratégico hacia la Capital y como núcleo de comercios y servicios. Lo que en 1858 fue un simple apeadero rural se convirtió en un emblema de identidad para toda la comunidad.
